Esta mañana subiendo las escaleras del metro,,en una estación por la que pasan cientos de personas a lo largo del día, un policía secreta ha parado a una mujer que subía las escaleras. La mujer subía exactamente igual que las otras diez personas que ibamos en ella. La mujer, no parecía nada ¿sospechosa?, no hablaba español porque le ha costado entender lo que el musculado policía le estaba pidiendo. Quería su identificación. La ha sacado del carril borreguil que llevábamos todxs camino de la salida y con bastante malos modos y enseñándole la placa se la ha llevado hasta una esquina...La mujer era negra.
Quizás haya sido casualidad, quizás estaban buscando a delincuentes (pero de los de verdad, de los malos, malos) con lxs que esta chica coincidía por el color de piel, por su ropa o por el tamaño de sus ojos...yo qué sé!!
La cuestión es que ha sido a ella a quién han parado, ha sido a ella a quién han apartado del camino de salida, ha sido a ella a quién han acojonao con su placa, con sus musculitos y con su mala educación.
Lo que después ha pasado, no puedo contarlo porque no lo sé. Tenía prisa por llegar en hora al curro, sentarme en la silla, encender el ordenador, discutir y divagar un poco con mis compañerxs de lo mal que está todo y escribir sentada y calentita este post ¿?
Yo tengo la suerte de haber nacido en el lado bueno del mundo, un mundo en el que a un jeta con corbata y rosario, lo juzgan y dictan que no es un delincuente, para que después sus amigxs y compañerxs de rosario, pidan que le devuelvan la honorabilidad. (de traca!!)
No hablen de honor que, aunque les gustaría, no estamos en época de duelos. Hablen de respeto, o sencillamente de dignidad, porque aquí, pandilla de antiguos, cada vez huele peor...
* Foto: Vivir en utopía

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