martes, 13 de diciembre de 2011

DEFINITIVAMENTE, QUIZÁS


Julia siempre le esperaba a la vuelta de la esquina. Con un libro en la mano y las piernas cruzadas (había leído en algún sitio que daba más suerte que cruzar los dedos). Le esperaba a diario con el sencillo propósito de verle pasar. Un día, uno de esos días que le esperaba, él la miró. Ella, sorprendida y avergonzada bajó la mirada y caminó en dirección contraria. Otro día, otro de esos días que le esperaba, él se detuvo a preguntarle qué leía. Ella, desconcertada y sonrojada, le mostró la portada del libro.
Un día, un bonito (a)martes de otoño, uno de esos días que le esperaba, ella ilusionada, segura y desenvuelta, al ver que él se acercaba, cerró el libro y fue a su encuentro...






* Foto: Julia regresa a su barrio

2 dejaron su voz:

Anónimo dijo...

fuerte y valiente julia, que eligió cerrar el libro y no permanecer inerte en su disfraz de bronce forjado.
Sencillo...
Precioso...
Envidiable

Prinsesa pirata dijo...

:)